A las 3 de la mañana el olor de
una comisaría- maloliente, apestoso- llega a ser nauseabundo. Más apestoso se
estaba allí cuando se junta el ruido de un teléfono en medio de una cabezadita.
Y el trabajo es insoportable,
como por ejemplo ordenar las fichas de los últimos casos, que si solo son diez
o veinte, se ordenan i se dejan; pero si ha pasado el listo de turno que se
tropieza con los doscientos que hay, la diferencia es inmensa. Después de estar
ordenándolos uno por uno según la fecha i el orden alfabético durante 2 horas,
te sientes como una máquina de ordenar, uno por uno miras el nombre y otro por
otro lo vas ordenando. Así hasta que pierdes la noción del tiempo y tu
conciencia piensa sólo en mirar i ordenar.
A tu alrededor todo está oscuro y
tú solo miras el papel, encerrado en medio de la noche en tu trabajo, cuando:
RIIIING!!!! El sonido de un teléfono sonando hizo despertar a Harry de su lindo
sueño despierto e hizo que sus papeles cayesen al suelo. Cromwell, el jefe de
policía que parecía el único despierto en ese funeral de policías contestó el
teléfono con su usual rapidez.
El sonido de aquel dichoso
aparato despertó a todos y cada uno de los presentes, pues era muy extraña una
llamada urgente a las tres de la mañana, así que todos permanecieron mirando a
Cromwell mientras hablaba, esperando a que colgara el teléfono y dijera lo que
había pasado.
Cuando hizo eso, colgó el
teléfono y sin más dilación dijo:
-Ha habido un asesinato.
Todos se quedaron boquiabiertos y
callados, mientras se alzaban y se ponían sombreros y chaquetas para salir, incluido
Harry, que dejó los papeles tal y como se cayeron y salió a paso ligero junto
con otros policías, casi mareado por el trabajo.
